"Humanista y apasionado por su trabajo". Testimonios sobre Quintín Oyarzo y su libro póstumo, "Crónicas y Minicuentos".






CONCEPCION, 12 y 13 de junio de 2012. "Humanista y apasionado por su trabajo, entregado siempre a la tarea profesional". Así definió a Quintín Oyarzo (1950-2009) el periodista Remijio Chamorro, en una columna de opinión publicada en el diario "El Sur" de Concepción tras el lanzamiento, el lunes 11, en el Auditorio de la Universidad de Concepción, del libro "Crónicas y Minicuentos". Las fotos que aparecen arriba, en esta nota, las tomó Sergio Benítez, histórico reportero gráfico de la región. 1, Auditorio de la Udec. 2, Carlos Oliva, académico de la Udec y ex director del diario "Crónica". 3, Christian Paulsen, presidente del Consejo Regional Bío-Bío del Colegio de Periodistas. 4, Héctor Alarcón, académico de la Udec y maestro de ceremonias. 5, reunión de periodistas que trabajaron juntos en el Diario "El Sur": Gustavo Sáez, Carlos Oliva, Nelson Escobar, Gastón Cerna, Gilberto Villarroel, Jorge Carrasco, José  Valenzuela, el reportero gráfico Rinaldo Pinto y Juan Costa. 6. El editor de INTERIORDIA con uno de los primeros ejemplares salidos en la imprenta, en el Auditorio de la Udec.

A continuación, el texto y las fotos publicados por la periodista María Eliana Vega en el portal www.tribunadelbiobio.cl



En 344 páginas, el libro recoge una selección de entrevistas, crónicas y reportajes y taActive Imagembién algunos minicuentos, del periodista Quintín Oyarzo Leiva publicados principalmente en Diario El Sur entre 1978 y 2008.
“La conferencia de prensa que puso punto final a la huelga de hambre de los familiares de detenidos desaparecidos, había terminado. Un gran silencio se produjo en el salón principal de la Parroquia Universitaria aquella tarde. Con ojos llorosos, Celima Peña se acercó a uno de los periodistas.
-Señor, ¿podría pedirle una última cosa?- le preguntó.
-Por supuesto, señora -le contestó Quintín Oyarzo, de diario El Sur.
-Permítame darle un beso. Si mi hijo estuviera aquí, tendría casi la misma edad suya…”

Este hecho ocurrido el 7 de junio  de 1978 es uno de los numerosos episodios que le correspondió vivir al periodista Quintín Oyarzo Leiva, fallecido el 24 de abril de 2009, con sólo 59 años de edad, y que ya es parte de la historia del periodismo penquista.

Muchas veces le correspondió reportear y escribir sobre casos de derechos humanos tan impactantes como el hallazgo de los restos de 19 detenidos desaparecidos de Laja y San Rosendo, en una tumba del cementerio de Yumbel o la inmolación de Sebastián Acevedo.

Parte de esos relatos, de entrevistas y crónicas, quedaron plasmados en el libro “Crónicas y Minicuentos” que este lunes 11 de junio fue presentado en Concepción. 

Fue un momento especial. Matizado con la lluvia y el viento que se dejaron caer sobre  la ciudad, casi como el mismo Quintín Oyarzo quisiera manifestarse de alguna forma con aquella curiosa expresión que usaba cuando algo no lo convencía del todo: “¡Barretas!”.

Es que quizás no habría estado de acuerdo con esta colosal tarea que prácticamente el mismo día de su funeral emprendieron su viuda Gabriela Tapia, su hijo Francisco y su colega y amigo, Gilberto Villarroel.

Tres años tardaron en dar vida a este libro que, según Sergio Campos, Premio Nacional de Periodismo 2001 -que prologó el texto- “es una contribución a la memoria histórica del Chile reciente”.

De su particular estilo para reportear, de su agudeza y olfato para captar una noticia, del brillo malicioso que se asomaba a sus ojos cuando tenía una noticia de portada “golpeadora”, de su pasión por el periodismo las 24 horas del día y los siete días de la semana,  habló Carlos Oliva Quezada, docente de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Concepción, quien trabajó con Quintín en el Diario El Sur.

“Cuando se sentaba frente a la máquina, pues así lo conocí, tecleaba de un modo especial, sobre todo cuando estimaba que lo que había reporteado era súper noticioso. A veces echaba a reír y, por cierto, algunos de sus colegas, intrigados y curiosos, se le acercaban para saber de qué se trataba. Quintín narraba lo que había pesquisado y gozaba el tener esa primicia. Vibraba. Y esa imagen que trato de proyectarles, era reiterativa. Es que se iba modelando la imagen de un periodista comprometido con su trabajo en el diario; comprometido con buscar la verdad; comprometido con darle un espacio a los que no tenían voz; comprometido, en fin, con su profesión”.

Su reporteo también era particular. Si bien recurría a las fuentes oficiales, sus principales informantes provenían de las redes informales, de los amigos o conocidos que le proporcionaban un dato. Ese era el soporte primordial de su labor periodística.

Pero también el lenguaje, según destacó Carlos Oliva:  “Para Quintín, el manejo del lenguaje fue una característica que en el Diario El Sur pudimos palpar muy nítidamente los que trabajamos con él. Aprendió tempranamente que los mensajes periodísticos son captados con mayor rapidez por el lector cuando se le dicen las cosas de mayor a menor importancia, con  sencillez, sin arrebatos extravagantes en el uso de las palabras, pero con  precisión. En su estilo predominaba la llaneza, es decir, escribía para todos los lectores…”

Quintín Oyarzo no sólo fue un apasionado reportero. También fue dirigente del Colegio de Periodistas y del Sindicato de Trabajadores de Diario El Sur, labores a las que también contribuyó de manera comprometida. En su  tarea gremial se hizo cargo, por ejemplo, de la edición en formato oficio, papel roneo de la Carta de los Periodistas, informativo de actualidad que se editó a nivel regional para romper el cerco informativo que impuso la dictadura cada vez que decretaba Estado de Sitio.

Christian Paulsen, presidente del Consejo Regional Bío Bío del Colegio de Periodistas, recordó la figura de Quintín Oyarzo como dirigente, destacando que "siempre estuvo dispuesto a buscar soluciones a los muchos problemas que se generaban en la época y al mismo tiempo  buscar dentro de nuestro Colegio el perfeccionamiento de nuestra profesión, desde el lugar donde se desarrolla esta actividad, desde la trinchera periodística".
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Y finalmente habló el editor del libro, Gilberto Villarroel, quien destacó el carácter testimonial de éste y de la importancia que tiene en el rescate de la historia reciente de nuestro país, en especial para las nuevas generaciones.

"Van a encontrar (en este libro) muchas historias, personajes  que a lo mejor no les suenan tanto y que ocupan un lugar importante no sólo a nivel nacional; como también algunos que podrán reconocer más fácilmente, como ex presidentes de la República, dirigentes sindicales, periodistas y  personas de la calle, mineros del carbón que en algún  momento tuvieron mucho protagonismo no sólo en lo que pasaba en el país, sino también en la región", recalcó.

Villarroel relató que conoció a Quintín Oyarzo en 1985 cuando llegó a El Sur a realizar su práctica profesional y se quedó por tres años. 

“Lo vi cubriendo sin temor alguno, en años muy oscuros, informaciones y casos sobre derechos humanos, conflictos sindicales, crisis universitarias, y bajando a los pirquenes de Lota y Coronel en improvisados ascensores que los mineros hacían con neumáticos y cuerdas. Pirquenes que semanas después se inundaban, llevándose a los mismos trabajadores cuyas penurias Quintín había retratado fielmente en el diario…”

“Su compromiso con los hechos -agrega Villarroel-  y con la verdad que pudiesen estar mostrando esos hechos, lo llevó a una vida dedicada completamente al periodismo, con todos los costos que eso pudiese significar. Una vida con pocos fines de semana libres, muchas actividades sociales, mucha bohemia, cuando los periodistas todavía no eran “rostros” ni iban de un medio de comunicación a otro llevando una maleta de auspiciadores bajo el brazo. Eran otros tiempos, otra generación, otra manera de entender la profesión…”

Al terminar sus palabras, Gilberto Villarroel comentó que este libro era un cariñoso homenaje a un amigo y mentor. “Leyéndolo vuelvo a escuchar su voz, sus inflexiones, su manera de interrogar y cuestionar, con respeto pero con firmeza, a todo el mundo. Y aquí están esos textos, para deleite de sus contemporáneos y, también, para el conocimiento de las nuevas generaciones de chilenos que tengan interés en nuestra historia reciente”.





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