Así es la exposición de Astérix en la Biblioteca Nacional de Francia



(Desde París. Por Gilberto Villarroel, editor de InteriorDIA y miembro de la Agrupación de Narrativa Gráfica, ANG) Público de diferentes nacionalidades y de todas las edades visita, cada día, la exposición “Astérix à la BnF”, en la Biblioteca Nacional François Mitterrand, en París. La muestra estará abierta hasta el 19 de enero de 2014. Para quienes tuvimos la suerte de estar en París por estos días fue todo un privilegio poder asistir a este recorrido a través del universo de un personaje que se mantiene vigente durante tantos años y que ha saltado varias veces del cómic a la publicidad (en la expo hay juguetes, loncheras y antiguos envases de yogurt con los personajes en la etiqueta), al cine de animación y, también, al cine tradicional con actores de renombre.

A la entrada, en el hall de la BnF (así abrevian los parisinos el nombre de la biblioteca), una réplica gigante de Obélix, el amigo fiel de Astérix, recibe a los visitantes. Le tomé varias fotos a mi hijo de 3 años junto a esta escultura, pues dentro de la exposición las fotos están prohibidas y los guardias de seguridad te lo recuerdan, amablemente, a cada rato. Alrededor de Obélix hay, a manera de ambientación, jabalíes y barriles de tamaño natural.

Luego se ingresa por un pasillo, que lleva a diferentes salas, y que pasa junto a la librería de la BnF, donde hay todo tipo de souvenirs. En una de las salas se accede a la muestra, que refleja el éxito de una serie con 34 álbumes publicados –por estos días en todas las tiendas se presenta “Astérix y los pictos”-, traducidos a 111 lenguas y con ventas de 350 millones de ejemplares a través de todo el mundo, según consigna la revista “Chroniques”, editada por la BnF.

La donación realizada por Albert Uderzo de 120 placas originales correspondientes a tres álbumes diferentes –“Astérix el Galo”, primer título de la serie, publicado en la revista “Pilote” a partir de octubre de 1959, “La hoz de oro” y “Astérix entre los belgas”- da un brillo especial a este homenaje.

“Chroniques”, de distribución gratuita entre los visitantes, reproduce una entrevista a Albert Uderzo, donde cuenta cómo surgió Astérix:

-En 1959, estábamos creando una nueva revista, “Pilote”, y nuestro jefe quería que sus hijos leyeran cómics relacionados con nuestra cultura, como una reacción contra el cómic americano, que era el dominante en aquella época. Nosotros habíamos pensado en “Roman de Renart”, una leyenda muy antigua, pero uno de nuestros colegas nos dijo que eso ya había sido hecho. Teníamos el apuro y fue en ese momento en que pensamos en “nuestros ancestros los galos” y recordamos las enseñanzas de la escuela.

El resto es historia y se puede apreciar debidamente en la exposición montada por la BnF, bajo la curatoría de Carine Picaud.

Tres elementos llamaron mi atención durante el recorrido:

1.Reconocimiento a los autores. Desde el comienzo, las imágenes de Albert Uderzo (descendiente de inmigrantes italianos) y René Gosciny (descendiente de inmigrantes ucraniano-polacos), en grandes ampliaciones fotográficas, reciben a los visitantes. También hay videos de antiguas entrevistas, que se proyectan en pantallas y que incluyen simpáticos efectos especiales, que aluden a las onomatopeyas de los cómics que los autores van mencionando durante la conversación. En otras fotos aparecen junto a conocidos dibujantes franceses y belgas, que han dejado su huella en el cómic mundial. En un rincón de la sala, se recrea el escritorio de Gosciny y la mesa de dibujo de Uderzo, con objetos de fines de los años 50, cuando comenzaron a escribir esta historieta o “bande dessinée”, como le llaman los franceses al cómic. También hay un muro que da cuenta del fenómeno editorial de “Astérix”, con portadas de sus álbumes en diferentes idiomas que corresponden, además, a años diferentes.

2.Multiplicidad de formatos. Los chilenos estamos acostumbrados a la austeridad en las exposiciones de cómics. Todavía somos pocas las editoriales que usamos apoyo audiovisual, como Booktráilers en las redes sociales, o que lanzamos simultáneamente el eBook junto con los títulos impresos. Por eso, resulta refrescante ver cómo la curatoría de la BnF no deja ningún recurso de lado (para eso los franceses destacan por su inversión en la cultura) con el objetivo de llegar a todo tipo de público. Por ejemplo, hay reproducciones de planchas de “Astérix”, colocadas sobre un tótem a la altura de las manos de un visitante adulto, que tienen impresos los dibujos y diálogos y, sobre ellos, un relieve en Braille para que los discapacitados también puedan disfrutarlas. En otros muros hay paneles con viñetas que muestran las notas musicales de canciones aludidas en las diferentes aventuras de “Astérix”. Debajo, unos audífonos. Se presiona la viñeta que uno desee, te pones los audífonos y escuchas la canción. A mi hijo le encantó. En otras esquinas hay pequeños taburetes, ubicados frente a pantallas de video que reproducen clips de las películas de “Astérix”, ya sea animadas o con famosos actores.  También hay, en otros muros, pequeños recuadros con viñetas que, al ser desplazados de izquierda a derecha, permiten conocer el nombre y el afiche de películas famosas aludidas en las viñetas de “Astérix”, como el filme “Cleopatra”, protagonizado por Elizabeth Taylor. Los afiches aparecen debajo de las viñetas, para que el visitante pueda comparar el parecido. Hay recuadros con anacronías de la serie, que forman parte del humor de “Astérix”. ¿Había papas en las tierras visitadas por Astérix, como Bélgica, o llegaron a Europa después, tras el descubrimiento de América? Así se puede contextualizar mejor qué cosas forman parte de una realidad histórica y cuáles son propias de la ficción. Maniquíes a tamaño natural muestran soldados romanos completamente equipados, armas de los galos, monedas de la época romana (objetos facilitados por importantes museos) y esculturas de jabalíes con largos colmillos (el plato favorito de Obélix). El recuento histórico es bastante honesto. En una esquina, ocupando una pared completa, se aprecia una reproducción del cuadro “Vercingétorix rinde sus armas a los pies de César”, pintado en 1899 por Lionel Royer. El cuadro es hiperrealista y representa la rendición de los galos (año 52 antes de Cristo), algo impensable para personajes como Astérix y Obélix. Pero así es la vida y, hasta el día de hoy, existe en París, en el barrio de Montparnasse, cerca de la estación de trenes, una calle pequeña que lleva el nombre de Vercingétorix.  De todos modos, los galos no han desaparecido. Es cosa de ir al supermercado en cualquier ciudad del norte de Francia y observar las caras de personas comunes y corrientes para jugar a adivinar, entre los rostros de largos bigotes rubios o de cabelleras colorinas, quién podría ser Astérix y quién podría ser Obélix.

3.Actividades complementarias. La muestra amplía su alcance a través de una serie de actividades diarias, como conferencias y proyección de películas, programas por la BnF. Los visitantes también reciben un librito de 16 páginas, de distribución gratuita, con juegos para niños. Se cumple así con el espíritu de otros clásicos europeos, como “Tintin”, que se anunciaban “para niños de 7 a 77 años”. En el caso de esta muestra, podemos dar fe de que resultó atractiva tanto para un niño de 3 años como para su padre de 49. Y vimos a turistas de diferentes edades, comentando en sus idiomas, con miradas cómplices, sus hallazgos en la exposición.


Una vez recorrida esta colorida  muestra, es posible adquirir en la librería el catálogo de la exposición, que tiene un valor de 35 Euros y que se titula “Astérix de A à Z”. Y, por supuesto, todos los álbumes de la colección de estos clásicos del cómic mundial. 

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