Pixar pa´l que lee!



DESDE PARÍS. Por Gilberto Villarroel, editor de InteriorDIA y miembro de la Agrupación de Narrativa Gráfica, ANG.

Parafraseando al slogan (finito) de la última Feria Internacional del Libro de Santiago –“Filsa pa´l que lee”- iniciamos este relato de la exposición “Pixar, 25 años de animación”, que se está desarrollando en París hasta el 2 de marzo. No nos quisimos quebrar mucho la cabeza, pues el título de la expo en París es bastante sobrio, pero contundente. No todos los días se celebra un cuarto de siglo haciendo cine de animación.

El lugar en que se realiza la muestra merece, por sí solo, una mención. Se trata del Art Ludique-Le Musée, ubicado frente al Sena, a pasos de la estación de trenes Austerlitz, en pleno París. Sus creadores lo definen como “el primer espacio museal del mundo consagrado al arte contemporáneo del entretenimiento”. El lugar tiene acceso desde la calle (Quai d´Austerlitz 34) y también a través de una terraza techada que corre junto al río y que está envuelta en una estructura verde serpenteante que pareciera jugar a mantener el equilibrio sobre el borde del agua.

-Los diseños, pinturas y esculturas realizados por los artistas que marcan nuestro imaginario e influencian la cultura de nuestro siglo disponen, de aquí en adelante, de un lugar de exposición a la medida del genio de sus creadores, donde sus producciones son admiradas por el mundo entero. La exposición “Pixar, 25 años de animación”, ilustra perfectamente esta excepcional riqueza artística – señalan los organizadores en los folletos promocionales.

Esta muestra fue presentada por primera vez en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA) y ha sido complementada después con imágenes de los filmes más recientes de Pixar.

La visité junto a mi hijo un domingo, a la hora de almuerzo, para no tener que hacer una fila demasiado larga. La estrategia resultó exitosa. Había solamente tres personas antes que nosotros en la cola.

Mi hijo, que tiene 3 años, iba con una sola obsesión en la cabeza: ver a Rayo McQueen, el protagonista de la película “Cars”. Y la exposición cumplió sus expectativas, con bellas acuarelas, bocetos y con storyboards que, al final del recorrido, dan vida a “Artscape”, un cortometraje en 3D que se proyecta en una sala de cine dentro del mismo circuito de la muestra. Decir cortometraje es poco. Los organizadores lo definen como “una instalación audiovisual”. Sobre una pantalla con formato de cine, se ve un gran mural que simula un fichero donde alguien ha pegado los storyboards y bocetos de todas las películas de Pixar. La cámara realiza un recorrido a través de los storyboards, se detiene en alguna viñeta, hace un zoom-in en ella, empezamos a ver todos los detalles del dibujo en 3D, sin necesidad de anteojos ni de ningún aparato pues la proyección misma logra el efecto, y, de a poco, el dibujo comienza a cobrar vida mediante el movimiento. La música acompaña el desarrollo de una escena y vemos a algunos personajes, como el mismísimo Rayo McQueen o la familia de “Los increíbles”, todavía a nivel de boceto, realizando una acción que nos recuerda algo que ya vimos, completamente terminado, en alguna de las películas de esta casa productora. Es como estar asistiendo al momento del parto de la idea, pero con más gracia que la de un making of, pues aquí la música y el montaje van creando emociones y el paso de una película a otra mantienen vivo el interés del espectador. Los niños más pequeños, como el mío, gritan a viva voz el nombre de sus personajes favoritos, cuando los ven aparecer en algún rincón de la pantalla, al interior de una viñeta. Hermoso.

A través de bocetos, pinturas, collages, esculturas y modelos digitales, la muestra se estructura en torno a los mismos tres grandes ejes que guían el trabajo de los filmes de animación de Pixar, tal como los ha definido su director creativo, John Lasseter: la historia, los personajes y el Universo dentro del cual se desenvuelven. La santísima trinidad de un film exitoso. Cada uno puede jugar a buscar y encontrar a sus personajes favoritos de películas como “Monsters”, “Cars”, “Toy Story”, “Up”, entre tantas otras. Para recibir a los visitantes, una pantalla gigante muestra pequeños puntos animados que, uniéndose mediante líneas, van dando forma a imágenes tridimensionales que representan el acabado estudio que se realiza de cada personaje (esqueleto, músculos, piel, pelo, gestos) antes de llevarlo a la pantalla grande.

A la entrada de la expo, una acuarela que lleva la firma de John Lasseter, fechada en 1986, muestra la lámpara de escritorio que, como un personaje con vida propia, se inclina para mirar una pelota y que se convertiría después en el logo animado al inicio de los créditos de todos los filmes de Pixar.

Cada vez que escucho el nombre de John Lasseter me viene a la memoria la imagen de mi amigo Abraham López, cineasta español, a quien conocí en el año 2002 en el taller de dirección y guión de Pascal Aubier en la Escuela Internacional de Cinte y TV de San Antonio de los Baños, en Cuba. Dentro de aquel taller, Abraham organizó, como actividad extra-programática, una charla sobre cine de animación y la comenzó hablando sobre John Lasseter. Abraham ha trabajado en varios proyectos, entre ellos el DVD de canciones infantiles de Miliki, que mi hijo no se cansa de ver debido a lo pegajosas que son las canciones (en Chile las conocimos en los 80 en la voz de “Los bochincheros”). Este año 2014 Abraham y todo su equipo de colaboradores están nominados al Goya, el máximo reconocimiento del cine español, por su corto “Blue & Malone, detectives imaginarios”, que mezcla el trabajo de actores con dibujos animados en 3D.  Este es sólo un ejemplo de las personas que, de una u otra manera, ya sea como espectadores o como realizadores, han sido inspiradas por el trabajo de Pixar, entre otros creadores contemporáneos.

Una de las estrellas de la expo es “le Zoetrope”, un juguete desarrollado en Estados Unidos en 1867, considerado un antepasado del cine. Varias figuras animadas están dispuestas en hilera dentro de una bandeja circular. Por ejemplo, Woody, el vaquero de “Toy Story”, aparece montado en su caballo, que va dando brincos que lo hacen saltar sobre su silla. Son varias figuritas, y cada una tiene una leve variación en el movimiento. Es como ver la secuencia de un storyboard, pero esculpida. Al girar la bandeja, las luces que la alumbran comienzan a parpadear (como las luces estroboscópicas en una discoteca) y se produce la ilusión del movimiento. El personaje cobra vida y vemos el movimiento completo, de una sola vez, sin interrupciones. Todo esto dentro de una caja transparente, con una música circense, en una habitación a oscuras. Y sobre la bandeja hay varios personajes, cada uno ejecutando una acción distinta. Es como estar en una feria del Siglo XIX. Hipnotizante. Mi hijo vio la secuencia completa una docena de veces. Salió de la sala y volvió a entrar.  Esta instalación se llama “le Zootrope Toy Story” y está inspirada en una similar creada por el Museo Ghibli (del maestro Hayao Miyazaki) en Mitaka, Japón.

Al final del recorrido, una escultura gigante de Sully, protagonista de “Monsters” -una de las películas animadas que debo haber visto con mi amigo Abraham en las maratones de cine que me organizó una vez en su departamento en Madrid- acompaña a un mesón donde se exhiben todos los souvenirs del caso, catálogo de la muestra incluido.

A la salida del museo, una fila de unas ciento cincuenta personas nos permitió comprobar que fue una decisión acertada saltarse el almuerzo para ir a la muestra. Turistas de todo el mundo esperaban su turno y en la fila se escuchaba incluso algún “¿cachái?”. Luego, una caminata sobre la terraza de madera a la orilla del Sena, que para mi hijo también era un espacio de juego, lo que demostró haciéndome que lo persiguiera durante largo rato antes de poder llevarlo hacia Notre Dame, donde abordamos finalmente el Metro para seguir recorriendo esta ciudad sorprendente, donde, según me contó la encargada de un cineclub, durante cada semana del año se estrenan por lo menos 15 filmes de diferentes países del mundo.






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