París: "El objetivo éramos todos".

DESDE PARIS, por Gilberto Villarroel (*)
El día en que ocurrió el atentado en la redacción de Charlie Hebdo, que costó la vida a 12 personas, yo estaba encerrado en un departamento en el barrio Montparnasse, en París, donde resido desde octubre de 2014, escribiendo el guión de rodaje del documental "Lord Cochrane, Capitán de Mar y Guerra", que se filmará este año. 

De pronto, a través de las redes sociales, me entero de lo sucedido. Primero, incredulidad. Después, una pena enorme. Estaba muy triste. Luego, al ver las primeras imágenes en video, el comportamiento de los atacantes, su sangre fría, su manera de desplegarse en abanico en el terreno, cubriendo flancos en la calle, su precisión, pensé en que esta situación parecía más una operación militar que un arrebato de unos locos solitarios. Y los chilenos sabemos por experiencia que los militares no se mandan solos sino que son tremendamente jerarquizados. Luego, en las horas siguientes, vinieron los otros incidentes, incluyendo el presunto suicidio de un policía. Habrá que esperar para saber si están conectados, pero la experiencia periodística indica que, tanto en el terrorismo como en la política, no existen las coincidencias. Aquí hay alguien con un plan, aunque todavía no sepamos cuál es.



Creo que, en este caso, más que un atentado a la libertad de expresión, que también lo fue, el objetivo éramos todos. Y cuando digo "todos" me refiero a quienes, hoy por hoy, vivimos en este país. 

En la escuela, que es pública y gratuita, mi hijo convive con compañeros de distintas razas y culturas, que hablan diferentes idiomas. Muchos son hijos de franceses o francesas casados o emparejados con extranjeros. Esa multiculturalidad tiende a crear países más tolerantes. 

Es verdad que existen problemas y que también hay barrios que son verdaderos ghettos. He visto algunos de ellos y puedo decir, para ser honesto, que la calidad de sus edificios, de los servicios y, en algunos casos, de los centros culturales (!) con que cuentan, todavía están muy por encima de lo que podemos entender en Chile por viviendas sociales. 

Esta multiculturalidad puede molestar en países más dogmáticos y, también, en países menos solidarios y más entregados al capitalismo salvaje, a quienes les interesa que este Estado de bienestar, con políticas asistencialistas, fracase. Y cuando digo eso pienso que los servicios de inteligencia franceses no debieran descartar, a priori, ninguna hipótesis. Los enemigos de esta forma de vida, de esta sociedad laica, liberal y amante de la cultura, pueden ser varios.

Trabajé en el diario "El Sur", de Concepción, desde 1986, y en la revista "Hoy" y en "Radio Cooperativa" desde 1988 en adelante, antes del plebiscito, y recuerdo lo difícil que era hacer periodismo en dictadura. 

En la radio nos dejaron un fin de semana unas cajas de cartón, simulando una bomba, y tuvimos que llamar a Carabineros, que mandó al GOPE (Grupo de Operaciones Policiales Especiales). En la revista, Rufino (Alejandro Montenegro), con mucho valor dibujaba caricaturas de los "sapos" de la CNI (Central Nacional de Informaciones, policía política de Pinochet) y las publicaba en la página editorial. Años después fui el editor de su libro "Civiles No Identificados" (Midia, 2009), que es un testimonio de esa época. En 2013 fui el editor de "Calcetín con papa" (InteriorDIA), libro de humor gráfico de Gabriel Aiquel, con prólogo de Hervi. Y en abril de 2015, con el mismo Gabriel, vamos a lanzar "Abandona toda esperanza", libro de humor que se burla mucho del actual modelo económico chileno, entre otras cosas. 

Por eso, cuando sucedió la matanza, pensé en mis amigos, en Gabriel, en Christian Luco, que han estado en mi casa en Santiago corrigiendo las maquetas de sus libros y a quienes mi hijo de cuatro años, Gaëtan, adora. Me puse en el lugar de los familiares de las víctimas de Charlie Hebdo. Fue muy triste. Y desde Chile, espontáneamente, se comunicaron conmigo algunas personas para saber si estábamos todos bien, si vivíamos lejos del lugar del atentado. Todo eso fue muy emotivo.

Aunque mi pareja es francesa y mi hijo es mitad chileno y mitad francés, llevo muy poco tiempo residiendo acá como para aventurar conjeturas sobre lo que pasará en Francia. Lo único que puedo decir, tras haber crecido en Chile bajo una dictadura cívico-militar de 17 años, donde la mayoría de los líderes eran católicos conservadores, es que uno se vuelve más desconfiado con los años. 

Hay que estar muy atentos para ver, con ojo crítico, a quiénes podría beneficiar que Francia tuviese la tentación de volverse un país menos plural, menos mezclado, menos defensor de la libertad de expresión, con un Estado menos benefactor. ¿Cómo va creer en el "choque de civilizaciones" un país donde vive gente procedente de todo el mundo y donde todo el año se exhiben películas provenientes de cada rincón del planeta? 

El sábado 10 de enero de 2015, por primera vez desde que conocí este país (en 1990), vi la bandera de Francia a media asta en la plaza de mi actual barrio. Fue impresionante. Pero este país ha sobrevivido a dos guerras mundiales y en cada pueblo o comuna hay placas y monumentos que recuerdan a los caídos. Los franceses son resistentes. Y no olvidan a sus víctimas.
No creo que esto vaya a afectar la libertad de expresión en cuanto al quehacer de los creadores. Los artistas han demostrado, históricamente, que son personas muy lúcidas y valientes. Pienso no sólo en los autores internacionales sino en chilenos como Rufino, Hervi, Guillo, Palomo y tantos otros y en nuevos autores como Malaimagen y Gabriel Aiquel. Tal vez algunos medios de comunicación sentirán la tentación de auto-censurarse, pero aquellos artistas que trabajan de manera independiente y que tienen sus propios canales de comunicación, como webcómics y blogs, tienen cuerda para rato. Más peligrosos son los intereses corporativos y gubernamentales. Incluso en las redes sociales, todavía es mas difícil que publiquen un desnudo que una masacre en una escuela. Eso dice mucho sobre la verdadera ideología de quienes detentan el poder y sobre las amenazas contra la libertad de expresión, que, hoy en día, pueden venir desde todos lados.

Por todas estas razones, este domingo 11 de enero también fui Charlie y, junto a un millón y medio de ciudadanos, marché por las calles de París hasta la Plaza de la Nación.

(*) Gilberto Villarroel es periodista, editor de libros y cineasta. Como editor ha publicado más de 30 títulos en Midia e InteriorDIA, entre ellos los libros de humor gráfico "Civiles No Identificados", de Rufino, y "Calcetín con papa", de Gabriel Aiquel. En 2013 fue el productor ejecutivo y co-guionista del largometraje documental "Isidora". Actualmente vive en París, donde trabaja en su proyecto documental "Lord Cochrane, Capitán de Mar y Guerra", que se rodará en 2015.




















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